Mundo físico o mundo virtual

El ciberespacio representa en la historia de la humanidad un gran avance tecnológico tan determinante como lo que en el siglo XVII se llamó “Revolución Industrial”, debido a que el surgimiento y consolidación de la Internet ha traído consigo una serie de modificaciones en la manera en la que se mueve el mundo que conocemos. La aparición de esta gran red ha inaugurado una nueva realidad: la realidad virtual, un espacio en el que, a partir de su nacimiento, se han ido gestando una serie de situaciones que jamás hubiéramos imaginado factibles durante la modernidad o aún más atrás.

Por otro lado, cada día la brecha digital se vuelve menor debido a la vertiginosidad con la que avanza la tecnología y se vuelve más accesible su adquisición. Esto posibilita que en la actualidad más de tres mil millones de personas en el mundo utilicen la Internet y el mundo virtual se enriquezca con la aparición de diferentes comunidades en línea, las cuales, muchas de ellas, se configuran y establecen en la informalidad a partir de que los miembros definen intereses similares, dando lugar a espacios en donde se puede discutir sobre un tópico en particular, intercambiar información multimedia, difundir programas de fuente abierta e incluso vender y/o adquirir bienes y/o servicios privados.

El efecto que ha tenido el ciberespacio en la vida de la humanidad ha sido tan trascendente que ahora resulta difícil hacer una separación precisa entre el mundo real y el mundo virtual. Este hecho cada vez se vuelve más evidente, para comprobarlo sólo se requiere contar en el bolsillo con cinco pesos (precio en el 2015 del boleto del metro en la Ciudad de México, no sabemos cuándo nos lo volverán a subir) y realizar una pequeña observación participante dentro de esta red de transporte colectivo. Uno podrá darse cuenta de inmediato que muchos de los usuarios, van conectados a través de sus dispositivos inteligentes.

Lo anterior tiene una serie de implicaciones, de las cuales me gustaría retomar el fenómeno de la reconfiguración de las relaciones humanas, de las que se piensa que están desapareciendo, y están siendo sustituidas por la interacción con las máquinas. Sin embargo, no creo que sea lo que realmente esté ocurriendo. Dicha transición podría ser entendida como una nueva manera en la que los seres humanos nos relacionamos, a partir de la cual, nos hemos abierto nuevos espacios para la socialización, por lo que en lugar de pensar en una relación hombre-máquina, es posible sostener el surgimiento de una nueva relación hombre-máquina-hombre.

Esto no debe ser preocupante, si se analizan las relaciones sociales a lo largo de la historia, nos podríamos percatar que éstas siempre han estado mediadas a través del uso de herramientas, ya sean simbólicas o materiales, por lo que hablar de una relación genuina entre hombre-hombre sin ninguna mediación de por medio, sería improbable.

Lo que sí resulta interesante es cuestionarse los efectos psicosociales de esta transición para poder delimitar y recuperar la zona fronteriza entre ambos mundos porque las personas tienden depositar por completo su vida social en la mediación computacional. Por lo que considero importante avanzar a nivel cognitivo, afectivo, social, ideológico fomentando hábitos saludables en el uso de las TICs a través de programas de “Educación para la Internet”.

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